Biografía del Pastor Ismael Parrado

Biografía del Pastor Ismael Parrado
Dice la biblia en el salmo 90 que los días de nuestra edad son 70 años y en los más fuertes 80. La realidad diaria nos deja ver que la Biblia no se equivoca un ápice en esto y que queramos o no aceptarlo nuestros días declinan como el día al atardecer y que lo único importante que podemos atesorar es el tiempo de servicio que le hayamos dado a nuestro Señor Jesucristo.

Al pensar en el tiempo que junto con mi esposa llevamos sirviendo al Señor en el cono sur de América, específicamente en Argentina,  donde nos hemos movido en los últimos años, solo tenemos palabras de agradecimiento a Dios por tan grande misericordia al habernos llamado a este país, al permitirnos conocer  a tanta gente necesitada y al dejar que pudiésemos hacer algo en bien de aquellos que buscan un amparo en la presencia del Señor.
 
Salimos de Colombia un 23 de Diciembre  en el año de 1985. 

Nunca habíamos subido a un avión para hacer un viaje internacional y al surcar los aires de Colombia rumbo a la república de Chile, nuestros corazones se llenaban de esperanza y emoción pensando y queriendo llegar a ser útiles en la obra del señor, en la cual esperábamos que el Señor nos utilizara como sus herramientas en aquellos países del sur del continente, en donde muy tímidamente el Movimiento Misionero Mundial, había comenzado a incursionar desde el año 1972.

Nuestra primera estación en el viaje que nos llevaría a la Argentina fue Santiago de Chile. "Tienen que pasar fin de año con Gerardo, pues ese muchacho está solo allí",  habían sido las palabras de la hermana Rebeca de Ortiz, esposa del pastor presidente en aquel entonces, refiriéndose al joven Gerardo Martínez Garavito, que hacía apenas unos meses había sido llamado a servir al Señor en ese país austral.

Nuestra estadía en Chile fue de apenas una semana y el dos de enero de 1986 pisamos por primera vez suelo Argentino.

Nadie nos esperaba, nadie sabía de nuestra llegada. 

Habíamos sido designados para llegar a la provincia del Chaco al noroeste Argentino, teníamos una dirección y conocíamos el templo por las fotos que habían salido en la revista Impacto Evangelístico.

Después de 12 horas de viaje en un ómnibus, llegamos a la ciudad de Resistencia capital de la provincia del Chaco.  

Una hora después ya estábamos compartiendo con la misionera que estaba a cargo de la única iglesia que había en el país y a la vez haciéndole saber que éramos su reemplazo en el trabajo que ella estaba llevando adelante con denuedo y mucho sacrificio.

 Antes de iniciar mi trabajo en forma oficial, se nos permitió conocer la naciente Iglesia en Asunción Paraguay y hacer contactos en la ciudad que unos meses más adelante había de ser nuestra punta de lanza para lanzarnos a otras provincias del país: Formosa.

 El 19 de Enero de 1986 después de la misionera Almaris Quiñones habernos instruido sobre el trabajo que estaba llevando adelante, fuimos investidos como pastores de la iglesia en Resistencia y comenzó nuestra labor que ya se extiende por casi 30 años, años en los cuales solo tenemos que agradecer a Dios por habernos dado tantas satisfacciones a pesar de la dificultad que ha representado poder introducir en el corazón de la gente, la visión misionera de esta obra y el celo por la santidad y la sana doctrina.

 Nuestros primeros días en Argentina, en nuestro carácter de misioneros, aunque no fueron duros en el sentido de la palabra, si nos permitieron depender más aun del Señor, pues estábamos a cuatro mil kilómetros de nuestro país Colombia, nadie nos conocía allí y no sabíamos cuando ganaríamos la suficiente confianza en aquellos 17 hermanos que formaban la primera y única Iglesia del Movimiento Misionero Mundial que había en Argentina.

Nuestra primera experiencia fue con la necesidad. 
Aquellos primeros meses y hasta que en las oficinas de Puerto Rico estuviéramos asentados como misioneros, tuvimos que depender del señor y de las ofrendas de cada culto que alcanzaban apenas unos centavos de dólar en cada uno de los tres cultos que se hacía  a la semana, por la escasez en que vivía el pueblo argentino en aquel entonces debido a la inflación galopante en que se encontraba el país en ese momento.

Sin embargo dos cosas ocurrieron que nos ayudaron a salir aprobados de ese momento de aprendizaje: Primeramente la gente comenzó a hacernos partícipes de los alimentos que mensualmente el gobierno Argentino daba a sus ciudadanos para paliar la crisis económica que vivía el país y en segundo lugar aprendí a pescar, y cada miércoles me subía en mi vieja bicicleta y hacía casi diez kilómetros hasta el rio Paraná, donde el señor nos permitía semanalmente acceder a una rica dieta a base de pescado.

 Por 1987 viajamos a la ciudad de Panamá a nuestro congreso internacional y el 31 de diciembre de ese año estando en la vigilia de fin de año, Dios me hablo mientras estaba en el altar de rodillas y me dijo "tú me estás pidiendo que le de crecimiento a la obra en este lugar, pero a mi tiempo verás ese crecimiento. Sin embargo vas a ver crecer la obra en sus alrededores".

 El 25 de Enero de 1988 abrimos el primer culto en la ciudad de Formosa, 170 kilómetros al norte de Resistencia, dando comienzo a un trabajo un poco más amplio y más esperanzador.

Después de tres años de estar pastoreando, Resistencia y Formosa, salimos hacia la ciudad de Buenos Aires, a comenzar en esa gran capital, después de haber dejado como pastores a los recién llegados (Abril 19 de 1991) misioneros Colombianos, Joselín Jiménez y su esposa Carolina Matiz, habiéndolos dejado instalados en un templo mediano y una casa pastoral que logramos construir en ese tiempo de trabajo.

Buenos Aires fue otro comienzo; allí alquilamos un local de cuatro metros de frente por cuatro de profundidad en la zona metropolitana de aquella mega ciudad a 35 kilómetros del centro de la capital y comenzamos un trabajo con dos hermanas que nos habían dicho que si el Movimiento Misionero Mundial, abría obra en ese barrio, ellas se harían parte de la obra.

Once meses después el trabajo comenzó a crecer. 
Fue algo incipiente en aquellos días pero desde ese pequeño lugar pudimos establecer obras en ciudades como Santa María, en la provincia de Catamarca, Dock.sud, Merlo, Mar del Plata y Capital Federal en la Provincia de Buenos Aires.

En 1996 viaje a Colombia  a participar de nuestra convención que se celebró en la ciudad de Cali y allí fue llamado un nuevo Misionero, el pastor Marco Aurelio Beltrán y su esposa Nubia.  
El fue instalado inicialmente en la ciudad de Mar del Plata, pasando luego a la iglesia de ciudad Evita en Buenos Aires y de allí se traslado a la localidad de Docksud donde actualmente es el pastor de la Iglesia.

En el año 2009 llegaron desde Bolivia donde habían tenido varios años de experiencia misionera dos parejas de siervos del Señor: el pastor José Célis y su familia compuesta por su esposa y dos hijos adolescentes que fue comisionado para abrir obra en la ciudad de La Plata y el pastor Daniel Jiménez y su familia compuesta también de su esposa y sus tres hijos, que se encuentran pastoreando la Iglesia de Merlo fundada en 1994.

Palabras me faltan para agradecer al señor y seguir hablando de las maravillas que él ha hecho en estos 25 años de trabajo.  
Tenemos obra en 24 puntos diferentes del país, unas con congregaciones medianamente grandes, algunas otras con trabajos aun incipientes pero con la seguridad de que el trabajo para el Señor en términos de crecimiento ya empezaron y que lo mejor está comenzando a verse en este tiempo.
 Vamos a completar Dios mediante 30 Años de trabajo misionero el próximo 19 de enero de 2016; nuestras fuerzas quizá  ya no son las mismas, nuestra cabeza se ha encanecido, las arrugas son invitadas cuotidianas en nuestro rostro  pero nuestra voluntad y amor a Dios  nos hace repetir las palabras de Caleb a Josué:  "todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; como era mi fuerza entonces, tal es ahora  mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar" (Jos. 14:11)

 En la actualidad me encuentro con mi esposa pastoreando la iglesia de la Ciudad Autónoma de Buenos aires, que el señor nos permitiera fundar el 22 de Octubre de 1994, iglesia esta que ha crecido en los últimos años gracias a Dios.

Quiera el señor que de cada país  donde el Señor nos ha permitido entrar sigan saliendo hombres y mujeres que allende las fronteras puedan alcanzar a los millones de almas que aun se encuentran sin evangelizar, sin haber escuchado la mas mínima palabra concerniente a Cristo y la salvación. 
Animo a todos aquellos que saben que tienen un llamado a la obra misionera a salir sin ningún temor, pues cuando obedecemos al Señor en su llamado el se compromete a abrirnos el camino que habremos de transitar.
 Muchas bendiciones para toda esta bendita obra del Movimiento Misionero Mundial, a la que Dios le ha placido usar para estos tiempos tan difíciles.

Cordialmente en Cristo Jesús
Ismael E. Parrado Prieto - Misionero en Argentina
mmmiepp@hotmail.com